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miércoles, 18 de agosto de 2010

Baptized by Blazing Fire, Día 17

Shin, Sung-Kyung:

Estuve orando en lenguas continuamente desde el domingo, por 3 días, cuando de repente mi cuerpo empezó a sentirse muy caliente, y comencé a hablar más fuertemente y con mayor poder en lenguas. Luego, una luz resplandeciente brilló sobre mí, y yo estallé en lágrimas con una oración de confesión y arrepentimiento. Las lágrimas se derramaron por mi rostro, mientras una larga lista de pecados se desplegaba en mi mente.

Yo nunca guardé el domingo santo para adorar a Dios, a pesar de mi título de “diaconisa” en la iglesia, he hice pasar a mi pastor terribles momentos en varias ocasiones anteriores. Mi pastor me había animado incontables veces, así como también me había regañado. Aquellas palabras simplemente entraban por un oído y salían por el otro y esa era mi actitud, vez tras vez. Por fuera, yo era la “diaconisa”, pero en mi interior, en mi corazón no había conección con Dios realmente. Esta era la razón principal por la que yo quise asistir a la vigilia de oración, porque yo había determinado que quería ser transformada. Decidí renunciar a mi trabajo, t con mi hijo de edad escolar, Jung-Min, empecé a asistir a las vigilias de oración empezando la noche del domingo. Estuve 3 días, y anhelábamos la Gracia del Señor. Primero, Jung-Min recibió su primer regalo espiritual, y luego, hoy el Señor me dio a probar de su bondad. Aleluya!

Pastor Kim, Yong-Doo:

La fecha en que yo debía recibir mi regalo espiritual fue pospuesta debido a que yo no obedecí el mandamiento del Señor de mantener su secreto divino. Yo compartí este secreto con mi amiga y esto hizo que Jesús estuviera muy enojado. Humanamente hablando, no fue un error tan grande, y este error pudiera haberlo cometido cualquiera, pero los pensamientos de Dios son completamente diferentes a los nuestros. Como estábamos explorando más profundo en el mundo espiritual, el Señor quería que nos volviéramos más sensibles espiritualmente, y hasta que el libro estuviera completo, él demandó de nosotros que nos cuidáramos del mundo exterior.

Fue difícil cortar de repente todo vínculo con personas con las que compartíamos diariamente y apartarnos a nosotros mismos del mundo exterior fue también un asunto duro de cumplir. El Señor fue demandando progresivamente que detuviéramos las conversaciones con nuestros parientes cercanos. En nuestra familia, nosotros frecuentemente compartimos expresiones de amor, respecto, afecto, a través de llamadas telefónicas. Existen muchas decisiones que son necesarias hacerlas en familia, pero por la intervención de la trinidad de Dios, cada aspecto de nuestro vida diaria fue interrumpido. Todos los incidentes que ocurrieran en la iglesia debían mantenerse en secreto y nuestros labios debían ser sellados.

El Señor me pidió una oración exhaustiva y rigurosa de arrepentimiento. Cada noche, la vigilia de oración empezaba a las 9:30pm, pero yo llegué temprano, a las 7:00pm, y en frente del púlpito me arrodillé y levanté mis manos. Todo lo que podía hacer era llorar delante del Señor y arrepentirme de mis pecados.

Señor, yo te desobedecí y descubrí tu secreto. He pecado contra ti. He ignorado tu divinidad espiritual y he hablado más de la cuenta, por favor, quita mi egoísmo (2 Cor 15:31). Quiero que cese el dolor que te he causado por esto. Señor! Qué puede este siervo desconsiderado hacer? Tu amas a tus siervos y nos has dado muchos dones espirituales, y abriste nuestros ojos espirituales. Si todo esto llega a ser inútil por mi causa, que pasará conmigo? Nunca soñé esto, Señor. Por favor, perdóname. Me corregiré, no lo haré todo bajo mis formas humanas”.

Desde el domingo en la noche, lunes y hoy, martes, por 3 días, yo me arrepentí y aunque oré día y noche, la ira del Señor no pareció disminuir. Jesús me mandó a detener la escritura del libro. La posibilidad de que le fueran quitados a mi hija (Joo-Eun) sus dones espirituales (discernimiento de espíritus y profecía) y a los demás, así como, las experiencias espirituales llenó mi corazón de tristeza. Fue como una maldición.

No supe que hacer. Cómo puedo pastorear esta iglesia?. Podría ser que quizás yo era alguien con quién Dios no quería tener ninguna responsabilidad? Estos pensamientos vergonzosos llenaron mi corazón. Yo clamé, grité, me arrepentí, supliqué, y oré de todas las maneras posibles que pensé y continué sollozando fuertemente. Cuando yo desarrollé el sermón de la tarde, no podía ver frente a mi, porque estaban muy hinchados. Fue muy difícil y no pude dar el sermón esa noche. Apagamos las luces y oramos arrepintiéndonos de nuestros pecados.

Señor, por favor, dame otra oportunidad!” Usé cada versículo de la Biblia que se podía aplicar a mi situación y defendí mi caso. Cada miembro del grupo de oración clamó fuertemente conmigo. Oh yo estuve muy tocado y agradecido a mi congregación por eso! El Señor tuvo misericordia de esta congregación joven y pobre.

Cuando el Señor escuchó nuestras oraciones, él decidió darme otra oportunidad. El Señor recordó que debíamos guardar el secreto. Aun a la congregación, solo se le podría decir una parte hasta que el libro estuviera completo.

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